BioMarketing (5): biodiversidad de actores y visiones
«la bioeconomía debe entenderse, y proyectarse, sobre las expectativas de los diferentes actores económicos involucrados, cuyos intereses pueden ser tan diversos como la propia biodiversidad de la que ser sirven para su desarrollo»
Muy probablemente este artículo sea uno de los más controversiales que publique, pues enfrenta un cuestionamiento que, luego de más de 30 años de vida profesional, nunca he escuchado o visto que se ponga sobre la mesa.

Estimo sin embargo que la evidencia histórica que expondré es clara y precisa y, al menos, abre un espacio de análisis y reflexión que debe llevarse a cabo frente al surgimiento de la bioeconomía como una importante tendencia del desarrollo futuro, como una componente o tema a considerar e incorporar en las propuestas al respecto.
Generalmente los conceptos de biodiversidad y bioeconomía, hacen referencia a los recursos naturales en su compleja diversidad y extensión, a los que el ser humano puede apelar para actividades de recolección / cultivo / transformación y obviamente comercialización, preferentemente bajo esquemas de circuitos cortos, con lo cual se generará un proceso de incremento de ingresos, monetarios o no monetarios, que impulsará el desarrollo de los actores y la población involucrada, desde una perspectiva de mercado.
Sin embargo, creemos que también es válido aplicar el concepto de biodiversidad a los seres humanos, primero por que por naturaleza somo “bio”, y segundo porque así como la diversidad es propia de la naturaleza, la humanidad se caracteriza por tener un amplio rango de variables y características que nos diferencian unos a otros, exhaustivamente estudiadas por la antropología y la sociología, y de las que someramente recogemos algunas como: género, edad, lugar de nacimiento, cultura, rasgos raciales, etc., a la cual añadiremos las expectativas de los actores económicos.
Siendo la Bioeconomía una rama de la economía, y la influencia determinante de las expectativas de los agentes económicos en la toma de decisiones y comportamiento de la economía misma han sido largamente estudiados, es válido afirmar que, en la bioeconomía, las expectativas de los actores involucrados son determinante por concepto; pese a lo cual, encontramos que, en muchos casos, las mismas no han sido completamente abordadas / entendidas / internalizadas / comprendidas.
Hace unos 10 o 12 años, Gloria ®, la marca de yogurts de Perú de mayor presencia en el mercado, decidió lanzar una edición especial “Sabores Peruanos”, en los que incluía el yogurt de Camu Camu, una fruta amazónica con alta concentración de vitamina C y claro representante de la biodiversidad.
Prontamente, dicho producto fue retirado, y las fuentes consultadas por aquel entonces coincidieron en señalar que el problema fue un estrangulamiento de la oferta: el camu camu era una fruta de recolección más que de siembra, por tanto, su acopio para procesamiento industrial a gran escala requería una importante fuerza nativa peinando los bosques amazónicos.
Las versiones que recogí por aquel entonces, es que las comunidades nativas recibieron beneficios económicos totalmente atípicos, mucho mayores a los que jamás habían recibido, lo cual es lógico si consideramos que la penetración de mercado de Gloria ® se ubicaba sobre el 60%, y en cierto momento dijeron: “muchas gracias, ya tenemos suficiente, no vamos a seguir con esto”, priorizando su estilo de vida ancestral.
Escribo este artículo por que recientemente, trabajando con una empresa conformada por comunidades nativas amazónicas en Pucallpa, encontré el mismo fenómeno aplicado a productos de la biodiversidad forestal: los grandes aserraderos estaban interesados en una determinada especie de madera, pagaban precios muy atractivos, pero luego de las primeras operaciones las comunidades decidieron retirarse habiendo acumulado fondos monetarios ingentes.
Claramente, en la bioeconomía este escenario es mas común de lo que se cree, ya que convergen 02 actores (nativos y empresarios urbanos), con visiones totalmente diferentes (vida tranquila vs. acumulación permanente) y que operan en escenarios distintos: uno viviendo de lo que la naturaleza naturalmente le ofrece (valga la redundancia), mientras el segundo busca maximizar lo ofrecido por la naturaleza movilizando activos de capital.
¿Es dable señalar a las comunidades nativas como conformistas por recoger su capital y retirarse del juego en vez de seguir acumulando hasta el infinito?, si los recursos naturales son por concepto finitos, los de la biodiversidad lo son aún más, por tanto, ¿es lógico pensar en una explotación crecientemente acumulativa de ellos?
Claramente a lo expuesto subyacen conceptos como la visión que cada uno tiene de la vida misma y que quiere hacer de la suya, frente a lo cual nosotros partimos del principio que todas las visiones / expectativas de todos los actores económicos son totalmente e igualmente válidas, el problema es cuando sin considerarlas, desarrollamos proyectos de cadenas productivas amazónicas con proyección a escalamiento comercial que luego se estrangulan desde la oferta por la incompatibilidad de estas visiones.
Obviamente los casos señalados no abarcan el 100% de las comunidades que trabajan con la biodiversidad, naturalmente existen organizaciones con mayor espíritu emprendedor económicamente acumulativo, hay cientos o miles de Cooperativas que lo confirman, pero es imposible creer que los casos señalados no representan modelos de conducta de muchas comunidades nativas, probablemente las más alejadas de los mercados urbanos y peri urbanos.
La conclusión / propuesta de este artículo es simple: la bioeconomía debe entenderse, y proyectarse, sobre las expectativas de los diferentes actores económicos involucrados, cuyos intereses pueden ser tan diversos como la propia biodiversidad de la que ser sirven para su desarrollo.
Dejo una lectura a medio masticar, con cargo a profundizarla en algún momento más adelante: probablemente la mejor estrategia de biomarketing para los productos de la biodiversidad, sea administrar rentablemente su escasez y especialidad como atributos de valor, ese ser únicos que tienen y le son tan propios, más que pensar en escalamientos comerciales grandes.
Sujeto claramente a debate.
© Luis Fernando Zelada Briceño
fernando.zelada@mercadeando.com
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